viernes, 12 de junio de 2009

Victoria, canela morena........


"LA FLOR DE LA CANELA" fue una de las primeras obras de esa antología que la gran Chabuca dedicó a sus amigos, a gente que admiró y quiso, a quienes enmarcó y estampó en su lima tradicional. La propia Chabuca nos dice que esta composición la fue creando en forma progresiva, poco a poco, día a día, hilvanando ideas que surgieron de un continuo desarrollo de ocurrencias.

Cuenta que por ese entonces, tras recibir un premio por una de sus canciones, durante el almuerzo que siguió a la premiación hizo uso de la palabra el prominente historiador y también vecino barranquino, el Dr. Raúl Porras Barrenechea, quien durante su alocución pidió : "Piedad para el río, el puente y la alameda". Esa frase impactó profundamente a nuestra autora, quien confiesa que se convirtió en un estribillo, transformado luego en verdadero reto, que fue el punto de partida para la creación de "LA FLOR DE LA CANELA".

Un día de ese 1949, cuando se encontraba trabajando como demostradora de los productos "Helena Rubinstein" en la antigua Botica Francesa del jirón de la Unión, recibió la visita de su amiga de la infancia Doña Victoria Angulo Castillo de Loyola, apuesta morena de abolengo, pues era nada menos que la "Madrina de la Primera Cuadrilla de Cargadores del Señor de los Milagros", lo que constituye alcurnia negra en Lima.

Pensó en dedicarle una canción, y al evidenciar que en su cabellera ya peinaba canas, pudo captar un rubor en las mejillas de aquel fino rostro, surgiendo así los versos de "jazmines en el pelo" y "rosas en la cara"; al momento que la musa se despedía diciéndole "Niña, me voy caminando a mi casa", lo que indujo a la artista a imaginar su andar garboso y elegante "por la vereda que se estremece al ritmo de su cadera" para dirigirse a su barrio en el Rímac, cruzando el río Hablador por el viejo Puente de Palo a fin de llegar a la Alameda del Tajamar, en la zona donde hoy se levanta el moderno puente de Santa Rosa, al final de la avenida Tacna.

Este recorrido imaginario lo enlazó con el estribillo motivador del Dr. Porras Barrenechea que sin cesar bullía febrilmente en su mente creadora. Aquella noche, su inspirada pluma compuso la mayor parte de la famosa canción, que fue afinando en los días posteriores.
Cuando el 29 de enero de 1976 la Municipalidad de Lima le concedió un diploma, se apresuró a acudir a la casa de Victoria Angulo Castillo de Loyola y se lo entregó junto con un ramo de flores y una tarjeta escrita de su puño y letra en que le decía : "Victoria queridísima, yo soy la popular, pero tú eres la importante".

Y en una entrevista televisada en 1983 para el canal 4 en Lima, declaró :"Esta canción a la que todo debo, la hice para Victoria Angulo, señora limeña de fina raza negra, por quien lima tendría que alfombrarse para que ella la paseara de nuevo. A ella y desde ella, esta canción como un ínfimo homenaje a esta admirable raza que nos devuelve con ritmo, con sonrisa y con bondad, los hasta ahora incomprensibles años de injuria de la esclavitud, lo que la historia aún no ha calificado. Esta es mi Flor de la Canela".


Chabuca sabor de canela

Recorrer el jirón "De la Unión", la Plaza Mayor, la Catedral, la Alameda, el sitio donde estaba el "Puente de Palo" sin tararear entre dientes partes aisladas de "La flor de la canela" a mí se me hizo algo imposible. Las estrofas y la melodía de La Chabuquita no se me separaban y busqué entonces la historia de aquella dama limeña que tenía "jazmines en el pelo y rosas en la cara ", y como siempre encotré algo más que una historia, por supuesto encontré una vida......

Déjame que te cuente...déjame que te diga la gloria.......

A fines de la década del 40 Chabuca Granda era empleada de la Antigua Botica Francesa en la calle "de los Mercaderes", hoy Jirón de la Unión, dónde conoció a Victoria Angulo de Loyola con la que entabló rapidamente una amistad. Victoria era una mulata nacida en 1891 y vivía en un corralón frente al Puente de Palo. En su casa se reunían sus primos y los mejores músicos del criollismo peruano y la joven Chabuca inmediatamente se unió a ellos. Para un cumpleaños de Victoria, Chabuca le dedica y regalas ese valsecito peruano que desde hacía más de un año había escrito. Ninguna de las dos se imaginó por entonces que se convertiría en el vals peruano más cantado en el mundo.

miércoles, 13 de mayo de 2009

El Tropezón, el Paraná, Lugones y una Argentina Infame


A fines de la década del 80 tuve la oportunidad de trabajar en el Delta, esos regalos que esta profesión nos dá muchas veces sin que nos demos cuenta. En esos recorridos de lancha casi interminables , diariamente descubría lugares y rincones que el día anterior no había visto. Las cuatro estaciones derraman con mano generosa colores, aromas ,sonidos y texturas que les son propios y que nos invaden a pesar nuestro. La lluvia, el sol, el viento, la mañana y la tarde tiene su propia personalidad y la luna reina como Isis lo hizo en el Nilo.

Cruzando el Paraná de Las Palmas, la lancha encontraba alumnos en un muelle que todos reconocían como el del Tropezón y al que comencé a mirar curiosamente despues de algunos días de amarrar allí. Un muelle grande, bien sostenido que dejaba ver una típica quinta isleña de los años 30, con galerías que espiaban al río, largos pasillos, un sin número de puertas altas que mostraban a las claras la existencia de un hospedaje de cierta categoría, vidrios repsrtidos en los cerramientos y un jardín desafiante de azaleas, hortencias y rosas. Se asomaba a veces una mucama de inmaculado uniforme blanco y negro, redecilla y cofia, parecía salida de algún párrafo Edgar A. Poe.

Supe que allí se había suicidado Leopoldo Lugones y por supuesto decidí quedarme a pasar un fin de semana para recorrer el lugar y su gente. En Septiembre me quedé dos días y una noche, dormí en una cama de hierro esmaltada, sábanas de hilo almidonadas, la luz de una vela encendida con fósforos de cera despues de las 23hs (se apagaba el generador), y recorrí los lugares pisados por Lugones momentos antes de morir por mano propia. Visté la habitación que quedó intacta desde la noche de carnaval en que entre arsénico y whisky Don Leopoldo cegó su vida, de la misma forma que un año antes lo había hecho su antiguo amigo Horacio Quiroga y que el mismo Lugones tildó como "suicidio propio de sirvientas....."


JORGE AULICINO:Tal vez un informe forense y unos libros puedan decir más sobre un hombre que todas las anécdotas que jalonan una vida.Leopoldo Lugones, polígrafo nacido en un pueblo de Córdoba en 1874, apareció muerto por envenenamiento en una habitación de un recreo del Tigre, llamado El Tropezón, el 19 de febrero de 1938. El deceso se produjo la noche anterior. En su mesa, como imagen espartana de su vida, había una botella de whisky a medio consumir, un vaso de agua intacto, una carta y un artículo inconcluso.La carta no decía nada en absoluto sobre los motivos de la muerte. Sólo alertaba que el difunto era dueño de sus actos. Fuera de eso, pedía que lo enterraran sin cajón y sin lápida. Curiosamente, la carta póstuma empezaba así: No puedo terminar el libro sobre Roca. Basta. Y es éste el primer indicio sobre las razones del suicidio del discutido poeta del nacimiento de los tiempos modernos en la Argentina.Pocos suicidas hubiesen recordado a cinco minutos de ejecutar su propia sentencia que no habían terminado un trabajo. Y el basta que sigue a esta constatación resulta significativo. ¿Basta con qué? ¿Con Roca? ¿O con escribir, con la literatura, con sostener un trabajo que se suele suponer gratificante?Este es el problema, éste es el enigma Lugones. El informe forense puede introducir en pistas. Los escritos de Lugones, versos llenos de majestuosidad y arcaísmos, artículos que van desde el anarquismo hasta el desprecio del pueblo y el elogio de la fuerza y del Ejército como la última aristocracia (discurso en Lima, en el centenario de la batalla de Ayacucho, en 1924, donde también dijo su famosa frase Ha sonado la hora de la espada frente al ministro de Guerra argentino Agustín P. Justo) son otro indicios.Diría el informe forense que Leopoldo Lugones, escritor y periodista de 64 años, director de la Biblioteca del Maestro, bebió una fuerte dosis de cianuro, además de alcohol, aquella noche del 18 de febrero. Sus escritos dicen que era un enamorado de la antigüedad griega -en el modo idílico en que entendían esa antigüedad los neoclásicos, los románticos y los parnasianos del siglo pasado-. De modo que el cianuro remite a la cicuta de Sócrates. Una ejecución civil que paradójicamente se encomendaba al propio reo.La sentencia se cumplió en un lugar llamado significativamente El Tropezón. Puede suponerse que Lugones, a quien sus escritos revelan como un megalómano, un hombre que no dudaba sobre su destino póstumo de bronce y laurel, había chocado contra algo. Un imprevisto se descolgó sobre su vida, que describió en algunas entrevistas como la de un buen burgués. Otros constataron que era amante de la buena ropa, que escribía de mañana en un estudio maniáticamente ordenado y limpio, para salir a la tarde a cumplir sus tareas de empleado público. En rigor, no bebía. El whisky simplemente acompañó al veneno.Dicen sus escritos que el tratamiento del sexo, tema oculto de la poesía modernista, resultaba afectado, distante e impregnado de sentimientos machistas de dominación sublimados: Y al penetrar entre tus muslos finos, / la onda se aguzó como una daga, por ejemplo.Hace unos años, el poeta y narrador Juan José Hernández examinó este problema y encontró mucho más. Lugones estaba fijado a la imagen de la mujer como un enigma que conduce a la muerte y su represión erótica le hacía rechazar toda idea de fertilidad y vitalidad en la mujer y complacerse en la luna doncella, la amante niña, que enamora y mata.Cuando Lugones muere, la hora de la espada que había augurado sonaba en todo el mundo. Estaba en auge el fascismo y pronto Hitler se lanzaría sobre Polonia. De algún modo, la revolución, aquí, de José Evaristo Uriburu, que Lugones apoyó, se había diluido en un sistema conservador y tramposo, los dirigentes se parecían más al Viejo Vizcacha que a unos aristócratas, pero no parecía eso motivo suficiente para que bebiera la cicuta.Lo hizo, y recién aparecen evidencias públicas en 1984, porque al fin la luna doncella había entrado en su vida, cuando ya tenía 52. En 1984, la historiadora María Inés Cárdenas de Monner Sans publicó, bajo el nombre de Cancionero de Aglaura, los poemas que Lugones dedicó a su amante niña, Emilia Cadelago, a quien había conocido en la alta madurez, cuando ella era una estudiante. También incluye ese libro sus cartas, que revelan a un erotómano como nunca fue Lugones.Lo que dijo BorgesSe mató por amor, no dudó Borges. El padre Leonardo Castellani, que lo había asistido en su conversión al catolicismo en 1934, durante el Congreso Eucarístico, lamentó ese suicidio de sirvienta. El hijo de Lugones, el comisario Polo Lugones, introductor de la picana eléctrica en la Sección Especial, en 1930, tuvo que ver, aseguraba Emilia, con aquel desenlace. El hijo trató de detener esa primavera tardía del padre amenazando a la familia de la chica con que metería al viejo en un manicomio.Borges, completando el retrato, escribiría años más tarde: Si tuviéramos que cifrar en un hombre todo el proceso de la literatura argentina, ese hombre sería indiscutiblemente Lugones. Para Borges, gran parte de la literatura posterior sería inimaginable sin él. Y sin embargo, no renunciaba a ubicarlo en un plano preponderantemente intelectual. Al prologar un libro sobre Almafuerte, en 1962, Borges escribía: El poeta argentino es un artesano o, si se prefiere, un artífice; su labor corresponde a una decisión, no a una necesidad. Almafuerte, en cambio, fue orgánico, como lo fue Sarmiento, como muy pocas veces lo fue Lugones.Estas muy pocas veces fueron las brechas por las que al fin todo lo reprimido irrumpió en la vida de un hombre de 64 años. A 12 años de haber conocido a la joven Emilia, Lugones bebe su cicuta solo, en el lugar llamado El Tropezón, y establece su enigma.

miércoles, 29 de abril de 2009

Más sobre el Castillo Mandl y su nexo con el poder político...


La fabricación de armas y municiones de guerra, auspiciada por los militares argentinos en los años 30, estalló en la cara de Juan Domingo Perón cuando se supo que el encargado de levantar la industria bélica era un comerciante austríaco con una turbia historia a sus espaldas
Uno de los recién llegados, el austríaco Fritz Mandl, reunía las condiciones para sentirse atraído: podía financiar parte del proyecto, sus fábricas de Europa seguramente iban a ser destruidas o confiscadas en una nueva guerra, disponía de técnicos especializados que quedarían sin trabajo y como traficante acreditaba una sólida experiencia, ya que le había vendido municiones y fusiles a los dos bandos en la reciente guerra civil de España, y a paraguayos y bolivianos en la guerra del Chaco.

Sin embargo, a Mandl se le habían adelantado financistas más poderosos, dispuestos a participar en la fabricación de municiones (la especialidad de Mandl) y también en la fundición de acero. El grupo reunía a banqueros norteamericanos e ingleses, a los ferrocarriles británicos y al grupo Bemberg.

Mandl había puesto los ojos sobre la Argentina a finales de los años 20, cuando vendió herramientas de precisión para una compañía que construía cajas fuertes. Mandl vislumbró un gran mercado en América Latina para sus productos de guerra, que hasta entonces fueron consumidos en cantidades pequeñas por varios ejércitos aunque los vientos de guerra ya agitaban ansiosamente al mercado. En 1937 Mandl viajó por primera vez a Buenos Aires interesado en los proyectos de fábricas militares de Río Tercero y de Villa María.

Aunque en ese momento no logró hacer pie en el programa industrial de los militares argentinos, Mandl realizó importantes inversiones en tierras y ganado, en la industria textil y en el sector financiero. En 1940 estaba en Buenos Aires establecido en forma permanente, por lo menos hasta la finalización de la guerra en Europa. Había adquirido una vivienda lujosa y grandes oficinas; viajaba con pasaporte del Paraguay y se relacionó con algunos de los empresarios más destacados. Con asesoramiento de un técnico, Mandl confeccionó un Informe sobre las posibilidades de la industria del hierro y del acero en la Argentina que iba a ser utilizado para abrir la bolsa del crédito internacional. Pero el informe precipitó la desgracia sobre Mandl, cuando enemistado con el experto alemán que lo redactó, fue empleado por éste para denunciar en los Estados Unidos que el régimen nazi estaba detrás del proyecto
La turbulenta historia de Mandl con los nazis fue reconstruida por las agencias de inteligencia de Estados Unidos que se ocuparon también de determinar la cercanía de Mandl con los argentinos. En 1943, poco antes del golpe militar del 4 de Junio, Mandl mantuvo una ronda de conversaciones con el general Savio. Según documentos de Estados Unidos y Gran Bretaña, Mandl asistió a las reuniones con Savio acompañado por un técnico que, puntualmente, informaba después a un espía británico.

"Había un punto en el que ingleses y norteamericanos podían estar de acuerdo —escribió Newton—, y es que una industria argentina autónoma de armas era una amenaza".
audaz Mandl respondió positivamente a cada inquietud del general Savio. La inteligencia británica registró la oferta de Mandl de construir, para entrenamiento, un centenar de aviones de madera con motores norteamericanos, la importación de mineral de hierro desde la neutral Suecia y la puesta en marcha de una fundición de bronce de la alemana Siemens.

En mayo de 1944, cuando la hostilidad de Estados Unidos hacia la Argentina ya había tomado la forma de bloqueo, el gobierno militar contrató a Mandl para que produjera inmediatamente pertrechos bélicos hasta 14 millones de dólares. Mandl los había convencido de que no debían preocuparse por el bloqueo ya que la Argentina sería autosuficiente en unos años más. En una fábrica rápidamente acondicionada, había entrado en producción una línea de municiones ordinarias para entrenamiento del ejército.

Pero la tormenta se aproximaba, inexorable. Un diplomático de Estados Unidos elaboró un informe, concluyendo que "cualquier ayuda a Mandl significa la destrucción de la paz en América latina". Y en Londres otro documento oficial subrayó que "el rearme de la aviación civil argentina fortalecerá a los alemanes y ayudará a una Alemania derrotada".
La presencia de Mandl resultó funcional a la estrategia de Washington. Fue cuando el ascenso irresistible de Perón encontró al embajador Spruille Braden necesitado de buenos argumentos para oponerse a su llegada al poder. Papeles diplomáticos de la época registran párrafos estremecedores: "Mandl ambiciona un reino de municiones en la Argentina y su inclinación al tráfico de armas constituye una amenaza para la paz y el bienestar sudamericano".

Pero a pesar de los esfuerzos por demostrar que Mandl estaba invirtiendo fondos nazis en la Argentina y que esta corriente de dinero "es una influencia siniestra y peligrosa para la paz de Argentina y las repúblicas vecinas", como destacaba otro informe, resultó imposible ofrecer pruebas concretas. Las empresas de Mandl fueron incluidas en la "lista negra" de compañías relacionadas con los nazis y el encargado de negocios británico aconsejó a Perón que se desvinculara públicamente del incómodo comerciante austríaco.

Una confirmación de que no existían elementos sólidos para juzgarlo fue que en 1946, cuando el Departamento de Estado norteamericano hizo públicos sus cargos contra Perón —en vísperas de las elecciones que lo consagrarían presidente—, el nombre de Fritz Mandl no apareció entre los financistas presuntamente asociados con Berlín. Fue la oportunidad más consistente para castigarlo. Pero el embajador Braden titubeó. "El propio Perón —escribió Braden en sus Memorias— insinuó que Mandl sería liberado o nos lo entregarían a nosotros si yo lo pedía (pero) le dije que aunque lo considerábamos un agente enemigo, no teníamos ningún interés particular en su persona".

La residencia de Mandl en la Argentina fue continuada hasta apenas tres meses antes de su fallecimiento, en 1977. Conociendo la inminencia de su muerte y con el propósito de favorecer con su herencia a determinados parientes —Mandl se había casado cuatro veces—, regresó a Viena, donde se abrió su juicio sucesorio cuya validez fue rechazada por la justicia argentina. Para nuestros tribunales Mandl había viajado a Austria cuando ya sabía que estaba gravemente enfermo, allí renegó de la nacionalidad argentina que había obtenido cuarenta años antes y recuperó la de Austria, "todo porque pretendió mediante el cambio de nacionalidad y de domicilio, colocarse bajo un régimen jurídico sucesorio más ventajoso para determinadas personas en perjuicio de otras", afirmó la Corte Suprema.

La sucesión está rodeada de misterios, que sus herederos prefieren mantener en secreto. Uno de esos misterios es el Castillo Blanco, en las sierras de Córdoba y cerca de La Cumbre.

El Castillo Blanco está rodeado por un sistema electrónico de seguridad, en medio de 17 hectáreas de terreno y cuenta con 800 metros cuadrados de construcción, divididos en 18 habitaciones con baños en suite. En 1990 se produjo allí un robo de obras de arte colonial religioso que formaban parte de la herencia de Mandl aún en litigio. Eran 42 pinturas provenientes de los talleres jesuíticos de los siglos XVI y XVII. El diario La Voz del Interior recogió en aquella ocasión la opinión de Gloria Odette María Mandl, como heredera del Castillo, para quien los ladrones "actuaron por encargo", puesto que los expertos consideran la colección como "única" en su género. Poco después el Castillo fue ocupado por el entonces recién designado director del SIDE Hugo Anzorreguy, según una investigación de La Voz del Interior, "para resguardar los bienes de los ladrones".

El mismo diario de Córdoba hizo notar en enero último que recién once años después del robo de las obras religiosas otro de los herederos, Alexander Mandl, quien reside en España, encomendó este año al penalista cordobés Carlos Hairabedian la investigación del caso.

La leyenda que acompañó en vida al traficante de armas Fritz Mandl no abandona ahora a su castillo de La Cumbre. Entre los visitantes de la década pasada, según el relevamiento de La Voz del Interior, figuran Carlos Corach, Alberto Kohan y Ramón Hernández, Mauricio Macri y Germán Kammerath, Eduardo Moliné O''Connor y, en más de una ocasión, el expresidente Carlos Menem.

El Castillo y su nacimiento..............................


El Castillo de Mandl
En 1930, un médico de nombre Bartolomé Vasallo construyó en La Cumbre un fastuoso castillo que pronto se convirtió en un símbolo arquitectónico en todo Punilla.
Vasallo daba señales de su presencia en la morada, izando una bandera azul y acostumbraba con su esposa a pasear a caballo por las calles de La Cumbre. Donó su castillo a la Municipalidad pero, en 1942, el oneroso costo de mantenimiento hizo que el municipio lo llevara a remate público.

El Castillo de la huída................




Un verano de la década de los 80 tomé como destino de vacaciones , pasar más de un mes en el más que pintorezco Hotel Casino de La Cumbre en la provincia de Córdoba, provincia que me atrae como un imán a sus valles y cumbres.


Al ingresar me guiaron a mi habitación que estaba en el segundo piso, lo primero que hice luego de verificar las comodidades fue descorrer cortinas y abrir ventanas para que entrara todo el valle por los tres ventanales que tenía. Mis ojos rescataron los verdes y ocres de la naturaleza, el cielo azul estupendo, las serranías y de pronto descubrí una magnífica construcción en medio de un serro justo enfrente de mis ventanas. Antes que se retirara la mucama que me había acompañado desde la recepción, le pregunté de quién era ese castillo , me respondió que hacía años que estaba cerrado -cosa que era más que evidente a simple vista-, y que su dueño había sido, supuestamente un alemán que luego de la guerra se había refugiado allí de apellido Mandl.


Por supuesto fue el disparador para buscar alguna historia que, sin duda , sería más que interesante y por supuesto tendría consigo más de un oscuro secreto de posguerra. Esa misma tarde , me encaminé al castillo en una primera caminata de reconocimiento y vagabundié por las entradas y galerías externas que se encontraban prolija y completamente tapiadas desde hacía un buen tiempo sin duda , y que poco dejaban para la curiosidad. Arbustos y malezas se enmarañaban por todos lados y algún perro solitario fueron toda mi compañía, sin embargo estaba dispuesta a saber más y comencé a buscar información que diera un poco de luz sobre ese sitio de oscuros destinos.

Como un vigía, en un lugar inesperado, el Castillo de Mandl domina el paisaje serrano de Córdoba. Imponente, se encuentra rodeado no sólo por una magnífica postal de La Cumbre sino por su propia historia, en la que no faltan las leyendas.En pleno Valle de Punilla se levanta el último reducto en la Argentina del millonario austríaco Fritz Mandl. Allí vivió por temporadas con sus últimas dos esposas al llegar como refugiado con su Rolls Royce y una tonelada de oro en lingotes. Y tras su muerte en Viena, en 1977, se desató una guerra por su herencia que culminó con la remodelación de la residencia y su reciente apertura al turismo.Como si no bastara con sus bellas mujeres y su adinerado entorno social, Mandl le imprimió al Castillo el inconfundible sello del diseñador francés Jean Michel Frank. Sí, el cultor del minimalismo en el siglo XX. De la mano de Frank, de Diego Giacometti y el mobiliario de la prestigiosa Casa Comte, fueron eliminados los elementos que caracterizaban al lugar como una fortaleza más que una residencia y logró un estilo muy de avanzada para los años 40.Los salones y las suites del castillo, por donde han pasado personalidades históricas y de la nobleza a lo largo de los años, se caracterizan por su equilibrio de elegancia y confort. A su vez, cada habitación es única, tanto en su mobiliario como en su estilo.Con 2 mil metros cuadrados cubiertos y 11 hectáreas de extensión, el lugar convoca en muchos sentidos. Atrae a los visitantes que gustan de la buena gastronomía y del silencio en medio del verde de las sierras, tanto como a los devotos del turismo aventura o del golf. Y por supuesto, a los expertos en historia, arte, diseño y cine.Precisamente, a cinco minutos del Castillo se encuentra La Cumbre Golf Club. Fundada en 1924, esta cancha típicamente inglesa cuenta con 18 hoyos en un entorno natural más que saludable. En tanto, el trekking, las cabalgatas, los circuitos en bicicleta y el parapente son algunas de las opciones de recreación al aire libre que el visitante puede disfrutar durante su estadía.Todo es historiaPara conocer los orígenes del castillo no hay que remontarse muy lejos en el tiempo. Sólo hasta 1930, cuando el médico rosarino Bartolomé Vasallo lo mandó a construir como residencia veraniega. Por aquellos años, su estructura ostentaba torres y almenas y era conocido como "el fuerte". Pero sólo una década más tarde pasaría a manos del millonario austríaco Fritz Mandl.Como si se tratara de un personaje de película, Mandl tuvo una vida tan agitada y polémica como difícil de sintetizar. Podemos empezar por contar que heredó una fábrica de armas en Austria con la que ayudó a pertrechar a la Alemania de Hitler. Sin embargo, llegó a la Argentina a mediados de la década del 40 huyendo del nazismo.Hijo de un padre judío y una madre católica, Mandl se casó en segundas nupcias con la actriz vienesa Hedy Lamarr, que filmó el primer desnudo total de la historia del cine. Mandl lucía siempre un clavel rojo en la solapa, fumaba sólo cigarros Havana y coleccionaba trajes (llegó a contabilizar 278). Además, le vendió armas a Francia y Suecia, a Alemania y Hungría, a Polonia y Suiza, y a los dos bandos durante la Guerra Civil Española, entre tantos otros países.Como en la guerra, para Mandl en el amor también valía todo y tuvo más amantes que esposas, que fueron cinco. Se casó por cuarta vez con la argentina Gloria Vinelli y por último, con Monika Brueckelmayer. Luego de la muerte de Mandl en Viena en 1977, el Castillo cerró sus puertas durante largos períodos hasta que comenzó su restauración para devolverle el esplendor de antaño

jueves, 23 de abril de 2009

Liniers y La Perichona


LINIERS Y LA PERICHONA O LAS RELACIONES PELIGROSAS
La historia y la honra del marino que rechazó las Invasiones Inglesas y fue el virrey más popular de la Colonia, hubo luces propias y sombras injustas. Pero también tuvo habladurías ciertas en torno de una pasión con nuestra Mata-Hari criollaS antiago de Liniers, militar francés que combatió en el agitado escenario de la Europa de fines del siglo XVIII, había nacido en Niort, en el oeste de Francia, en 1753; y si sus antepasados ya pertenecían dos siglos antes a la Orden de los Caballeros de San Juan de Jerusalén, a Santiago le tocó una fortuna familiar menguada. Liniers fue teniente de caballería y luego marino; guerreó contra moros, ingleses, portugueses, en lugares como Menorca, Argel, Gibraltar o Santa Catalina (Brasil), y su nombre permaneció relativamente desconocido hasta la edad de 53 años, en que la historia lo tocó en el hombro, en una colonia española situada a dos mil leguas de su suelo natal.
Tras dedicarse a trabajos hidrográficos en España -país que era satélite de Francia y para cuya bandera había combatido Liniers, como otros oficiales franceses-, en 1788 le ofrecieron empleo como jefe de escuadrilla en el Río de la Plata. Vegetó en estas tranquilas colonias españolas a lo largo de casi veinte años.
UN PAÑUELO DE ENCAJE
U na vida es una trama complicada y en ella el destino juega a las escondidas. Mientras Liniers dormía la prolongada siesta colonial, su preocupación era que le llegase el sueldo de España. Había enviudado de Julia de Menviel, con la que se casó en Málaga, y en Buenos Aires se había vuelto a casar con la hija de Manuel Sarratea, gerente de la Compañía de Filipinas, y volvió a quedar viudo, tras pasar unos años en Misiones. Pero la historia tenía planes que llevarían a Liniers, en cuatro vertiginosos años, desde el anonimato hasta la muerte, pasando por el poder.
En el combate de Trafalgar (1805), la armada inglesa al mando del almirante Nelson había destruido a la flota franco-española, quedando Gran Bretaña dueña de los mares, en el mismo momento en que los ejércitos de Napoleón Bonaparte triunfaban en Europa. El imperio inglés codiciaba las colonias españolas en América, cuya importancia no desconocían los europeos: Montesquieu (1689-1775), inspirador de la Revolución Francesa, escribió en El espíritu de las leyes que "las Indias son lo principal, España es accesoria".
La noche del 24 de junio de 1806 la Casa de Comedias, en la actual esquina de Reconquista y Cangallo, estaba colmada. Se estrenaba una comedia de título picante: El sí de las niñas , de Moratín. Presidía la función el virrey Sobremonte con su familia, y fue muy comentado el hecho de que un mensajero, en mitad de la representación, le entregara una esquela, tras lo cual el virrey salió con prisa. ¡Una expedición inglesa había desembarcado en Quilmes! Corrían rumores hacía tiempo.
Buenos Aires, en 1806, tenía 40.000 habitantes y en sus calles la pampa entraba en la ciudad. El puñado de manzanas junto al río se extendía alrededor de la Plaza Mayor, hoy Plaza de Mayo. Con las primeras lluvias, la ciudad se inundaba y en la calle de las Torres, luego Federación y después Rivadavia, se apostaban centinelas para impedir que caballos y personas se ahogaran.
La protofeminista Mariquita Sánchez, testigo de varias décadas de vida porteña, describió así la entrada de los ingleses en la ciudad, al frente de los cuales iba el Regimiento 71 y el general invasor Guillermo Carr Beresford: "... Todo el mundo estaba aturdido mirando a los lindos enemigos y llorando por ver que eran judíos y que perdiera el rey de España esta joya de su corona. Nadie lloraba por sí, sino por el Rey y la Religión".
Había llegado la hora de Liniers.
Al frente de una expedición de mil soldados que salió de Montevideo, Liniers reconquistó Buenos Aires y, en esa lucha, quedaron quinientas bajas entre uno y otro bando. Beresford -de quien Vicente Fidel López cuenta que "tenía en la mirada toda la malicia que tiene el ojo de un bizco"- y los demás oficiales ingleses, que habían atacado la capital del Virreinato y no Montevideo al enterarse de que en las arcas de Buenos Aires había un millón de dólares, quedaron detenidos.
Esa victoria, y luego la defensa que Liniers organizó en 1807 ante el ataque de otra expedición inglesa mucho más numerosa y mejor armada, se debió a su talento y energía para improvisar un ejército nacional, y a la participación del vecindario, que él supo convocar. Tras la reconquista, Liniers había desfilado entre las aclamaciones de la multitud: alto y apuesto, el maduro francés saludaba a las mujeres apiñadas en los balcones y azoteas. Fue entonces, cuentan, que cayó a los pies de Liniers un diminuto pañuelo de encaje. Lo había arrojado Ana Périchon, que así entra en esta historia. ¿Quién era esa mujer que, según el poeta y novelista Enrique Molina, tendía sus senos al héroe, "llenos de un agua densa en la que flotaban naranjas"? Ana María Périchon de Vandeuil, la Gitana de las Islas.
LA PERICHONA
A comienzos del siglo la llegada de una familia francesa creó expectativa en Buenos Aires: estaba integrada por el acaudalado comerciante Jean Baptiste Périchon de Vandeuil, su esposa, tres hijos varones y una bella muchacha de unos 22 años, nacida en Isla Mauricio, colonia francesa del océano Indico.
La Périchon estaba casada con un irlandés, un tal Thomas O´Gorman. Mientras el esposo viajaba por América, en dudosas misiones comerciales, Ana Périchon tuvo una agitada vida social, erótica, política. Fue espía de los británicos, de los portugueses o de los franceses, (de los patriotas, o de todos a la vez), protectora de contrabandistas y gestora de negocios turbios, tanto en Buenos Aires como en Brasil. Su affaire con Liniers, virrey desde 1807, fue considerado intolerable por los enemigos del gobernante, pero glosado con regocijo por los autores de coplas populares. ¿Qué es aquello que relumbra, por la calle de la Merced? Era el mentado pañuelo.
Se la llamó la Perichona porque estaba fresca la celebridad de la Perricholi, apócope hiriente de perra y chola , como se le decía a una criolla cuyos amores con el virrey del Perú Manuel de Amat y Juniet habían conmovido a Lima unos años antes. También fue conocida la Perichona como la Madama, la Maga, y mucho después como la Mata-Hari de América. En los encuentros íntimos con el virrey, ella vestía guerrera militar sobre la piel y gorra de coronela. Se non é vero...
La Perichona convivió con Liniers en la casa que tenía en Reconquista y Corrientes, lugar de reunión de notables y donde se traficaba con ascensos, empleos públicos, sobornos. La opinión de la sociedad sobre los amantes no mejoró cuando una de las hijas del virrey, Carmen Liniers y Sarratea, se casó con el hermano menor de la Perichona, Juan Bautista Périchon y Abeille. Desde Montevideo, el gobernador Francisco Javier Elío le escribe a Liniers, su rival: "Cuide su conducta licenciosa, que su casa tiene techo de vidrio". El comerciante Martín de Alzaga, que fue alcalde, tampoco se privaba de moralizar: "La amistad del virrey con esa mujer es el escándalo del pueblo..." Ambos acusaron a Liniers de traidor y de estar ligado a Napoleón. Años después, Alzaga fue fusilado en la Plaza Mayor de Buenos Aires y a Elío le dieron garrote vil durante las guerras civiles españolas.
Ana Périchon fue desterrada cuando se hizo evidente que espiaba para los ingleses, y debió instalarse en Río de Janeiro. Enrique Molina, que al no ser historiador sino novelista está en buenas condiciones para atrapar la esquiva verdad, se pregunta: "¿Temió Liniers perder su cargo con aquella aventura o demasiado seguro de sí... tuvo miedo de pronto? Jamás lo sabremos". En Río, la casa de Ana se convirtió en refugio de argentinos exiliados y en centro de intrigas alrededor de la corte de los Braganza, parodia tropical de los absolutismos europeos. Dicen que la Perichona provocó los celos de la infanta Carlota Joaquina (luego volveré sobre este personaje), fue expulsada de Río, y durante un año viajó entre ambas ciudades, en los siempre acogedores barcos ingleses. En 1810, dirigió una nota a la Audiencia de Buenos Aires quejándose por "el deshonor de verse arrojada de un Pueblo en el que tuvo siempre un distinguido rango..."
Durante la época de Rosas, Ana Périchon volvió a adquirir influencias debido a las buenas relaciones de sus hijos con el régimen. Murió en 1847, a los 72 años. En 1848, su nieta Camila O´Gorman fue fusilada, grávida, por amar al cura Ladislao Gutiérrez.
EL TESORO DE SOBREMONTE
L a biografía de Liniers está atravesada por historias de espionaje, contrabando, traición, fraude. Su hermano mayor, Enrique de Liniers, que usaba el título de Conde de Liniers (no debe confundírselo con Santiago, nombrado conde de Buenos Aires), pertenecía a la Corte de Versalles y solía viajar en la carroza del rey por lo que, para salvar la cabeza, huyó al Río de la Plata al estallar la revolución. Los hermanos Liniers alquilaban a Isidro Lorea la llamada quinta de Liniers , en la que Enrique instaló una real fábrica de carnes en conserva, que tuvo un abrupto final. ¿Por qué se produjo el cierre? Paul Groussac, biógrafo del virrey, tras registrar minuciosamente los hechos de esa vida, considera a Liniers moralmente "irreprochable" pese a admitir "imprevisiones y ligerezas". Pero fulmina al hermano mayor como "gran buscavidas, mucho menos ingenuo que su hermano".
Cuando los ingleses se apoderaron de Buenos Aires, y mientras Liniers preparaba la reconquista, Sobremonte partió para Córdoba en una huida poco digna y se llevó el tesoro que sólo llegó hasta Luján, donde fue confiscado por una partida de soldados ingleses, el 30 de julio de 1806. Beresford lo remitió de inmediato a Londres, pero parece que los cofres llegaron menguados. ¿Quién metió mano? ¿Algunos centinelas, el Consistorio de Luján o ciertos oficiales ingleses? ¿Quién? Luego, Sobremonte fue reivindicado por otros historiadores, pero su fuga con el tesoro se convirtió en una leyenda argentina, de tono vergonzante. En 1938, Viernes Scardulla, timador célebre, anunció que había descubierto el tesoro de Sobremonte en un sótano de Venado Tuerto: era un engaño para esquilmar crédulos, pidiendo anticipos sobre la recompensa. Nadie dudó de la verosimilitud del cuento.
En 1810, un grupo de españoles que acompañaba a Liniers en Córdoba trataba de alcanzar al ejército realista del Alto Perú para reprimir el foco sedicioso porteño. Se denunció entonces que se habían llevado unos cuarenta mil pesos de las cajas públicas para comprar soldados (que sin embargo se pasaban al bando patriota), por lo que el grupo fue acusado de desfalco. Groussac, historiador escrupuloso, advierte que Liniers tuvo muchos enemigos y que algunas o todas las acusaciones que lo salpicaron pueden ser infundios.
UNA CORTE EN EL TROPICO
C uando los granaderos napoleónicos del mariscal Junot estaban a las puertas de Lisboa (1808), la familia real portuguesa escapó a Brasil. Se embarcaron en más de treinta naves la reina madre María, demente; el regente don Juan; su esposa española Carlota Joaquina, y los seis hijos, además de cortesanos, dignatarios y hasta palafreneros, todos custodiados por la flota inglesa (Gran Bretaña protegía a su tradicional aliado portugués). En total, quince mil portugueses participaron de aquella aventura surrealista. La huida fue tan precipitada que los Braganza dejaron hasta la ropa y, al llegar a San Salvador de Bahía (luego se instalaron en Río de Janeiro), tuvieron que ser rapados por los piojos que habían criado. La reina madre fue desembarcada en una silla, profiriendo horribles alaridos.
Brasil, donde don Juan se proclamó, en 1816, como rey de Portugal y Brasil, los recibió con entusiasmo. En 1822, el hijo de don Juan y Carlota, don Pedro I, declaró la independencia del Imperio. Don Pedro II gobernó hasta que el país se cansó de los Braganza, que habían mantenido la unidad del inmenso territorio. Brasil fue el último país del continente que abolió la esclavitud, en 1888, y al año siguiente se proclamó la república.
La presencia de la corte en Brasil, en 1808, provocó múltiples efectos en el Río de la Plata; entre otros, instaló un dinámico foco de penetración inglesa en el continente. Ana Périchon tuvo relaciones con lord Strangford, embajador de Londres y con un espía que anduvo también por Buenos Aires, mister James Burke. Carlota era la hermana mayor de Fernando VII y alimentaba aspiraciones dinásticas hacia el reino de España y las colonias. Aceptar a Carlota como reina fue una posibilidad en la que por algún tiempo creyeron argentinos como Pueyrredón, Paso, Castelli o Belgrano, para no hablar de Saturnino Rodríguez Peña o Aniceto Padilla, agentes de los ingleses. En un café de la carioca Rua do Ouvidor solían reunirse los expatriados.
Mientras que Napoleon llegó a la jefatura del ejército de Italia -prólogo de la conquista del poder- por influencia de su amante Josephine Beauharnais, Liniers entibió su viudez en los brazos de Ana Périchon, que contaba lo que oía en las alcobas al Foreign Office. También la reina de España, María Luisa, esposa de Carlos IV, llevó al poder a su amante, el ex guardia Manuel Godoy, llamado el choricero de Badajoz ; y su hija, Carlota Joaquina, en los calores de Río se hizo más aficionada que la madre a este tipo de alegrías, dejando que don Juan se atiborrase de frango (pollo). ¡Cherchez la femme!
C.L.A.M.O.R.
L a figura de Liniers está estrechamente ligada a la fundación de la Argentina y a un trecho decisivo en la historia de España.
Lo que sucedió en el virreinato del Río de la Plata en aquellos tiempos puede verse como una sucesión de malentendidos provocados por la dificultad en las comunicaciones. Un barco que salía de Barcelona, Cádiz o Gibraltar tardaba entre 70 y 90 días en llegar al Río de la Plata, si no era capturado por naves enemigas o piratas. Siendo la situación española tan confusa y vertiginosa, imagine el lector cómo sería esa situación percibida desde esta tierra, supeditada a gacetas y cartas que cuando eran leídas ya eran viejas.
A Fernando VII se lo llamaba el Deseado. Los españoles de distintas creencias esperaron todo de él. A todos defraudó. Terminó lamiendo la mano de Napoleón, que lo tuvo seis años preso en un castillo del Loire. Napoleón fue, hasta 1808, personaje idolatrado en España, por encarnar el espíritu de la modernidad contra el absolutismo y la reacción.
Luego, fue receptor de odios no menos tormentosos. Liniers, por francés, fue siempre sospechado de traición hacia el Corso, y lo cierto es que el virrey lo admiraba, y le envió correspondencia (pero nunca clandestina) dándole cuenta de sus triunfos militares y de la popularidad que en la colonia había conseguido aquel francés . Sin embargo, la lealtad central de Liniers fue hacia la corona de España, a la que sirvió treinta años. Se negó a convalidar la destitución del virrey Cisneros y su sustitución por una junta. Cuando Mariano Moreno y sus amigos decidieron subvertir el orden colonial (pero como "vasallos del mismo rey"), Liniers no los siguió y fue sacrificado. La muerte de Liniers, muerte de un inocente, fue necesaria para que la planta frágil de la revolución creciera, pero, ¿pueden ser libres los pueblos que no saben ser justos (Sièyes)? En un cierto y cruel sentido, Liniers salvó a Buenos Aires por segunda vez.
Santiago de Liniers fue apresado en un rancho de Córdoba junto a cinco partidarios que lo seguían rumbo al Alto Perú. La Junta de Buenos Aires ordenó que fueran ejecutados. El oficial que arrestó a Liniers (luego procesado), lo torturó y le robó efectos personales. Juan José Castelli, miembro de la Junta, comandó personalmente la ejecución porque el coronel Francisco Ortiz de Ocampo, a cargo de las tropas revolucionarias, y otro comisionado de la Junta, Hipólito Vieytes, se negaron a cumplir la orden:
Liniers era muy respetado también en Córdoba. Hasta último momento, el ex virrey confió en que su popularidad lo salvaría.
El fusilamiento de Liniers, prisionero de guerra ejecutado sin juicio, fue inspirado por el secretario de la Junta, Mariano Moreno, y se cumplió en un paraje llamado Monte de los Papagayos, a dos leguas de Cabeza del Tigre, a las dos y media de la tarde del 26 de agosto de 1810. Los cadáveres, cargados en carretillas, fueron arrojados en una fosa abierta en la tierra.
Cuenta la leyenda que las iniciales de sus apellidos fueron escritas en un árbol del lugar, formando la palabra CLAMOR (junto a Liniers habían sido detenidos Concha, gobernador; Allende, coronel; Rodríguez, asesor; Moreno, tesorero, y Orellana, obispo, al que, a último momento, le conmutaron la pena).
Allí yacieron, de manera anónima, durante 51 años, hasta que se los descubrió por casualidad, y fueron devueltos a los familiares durante la presidencia de Santiago Derqui.
Los restos del amado salvador de Buenos Aires y de los cinco fusilados de Cabeza del Tigre, viajaron a España en el bergantín Gravina, para ser enterrados en el Panteón de los Marinos Ilustres de San Carlos, Cádiz, bajo una leyenda que dice: "Juntos en la gloria como lo fueron en el infortunio".
Texto: Alvaro Abos Ilustraciones:Carlos Nine

miércoles, 22 de abril de 2009

Felicitas Guerrero y su alma en el espejo............



La noticia corrió como un réguero de pólvora entre la alta
sociedad de aquella ciudad de Buenos Aires de mediados del
siglo XIX. Carlos Guerrero había arreglado el matrimonio de
su hija Felicitas, una niña de quince años, con el poderoso
estanciero Martín Gregorio de Álzaga.
Pero muy pronto la desgracia asoló a Felicitas, el primer hijo
de la pareja murió a los tres años, víctima de la fiebre
amarilla, pocos meses después pierde un embarazo,
cerrándose el primer capítulo de su trágica vida con la muerte
de su marido.
Felicitas, cuentan las crónicas de la época, era considerada
una mujer de una belleza excepcional y se convirtió en la
obsesión de Enrique Ocampo. Sin embargo, varios años
después de enviudar, decidió volver a casarse, pero con el
estanciero Samuel Sáenz Valiente.
La noche del 30 de enero, la familia Guerrero se disponía a
cenar, en su residencia de Barracas, con el novio de Felicitas.
Intempestivamente irrumpió en la casa Enrique Ocampo,
disparándole y matando a la muchacha para luego suicidarse.
Felicitas Guerrero tenía veintisiete años

Para quienes conocen su historia, el nombre de Felicitas Guadalupe Guerrero y Cueto es considerado sinónimo de tragedia o, peor aún, de maldición familiar. Cuando sólo contaba con quince años de edad, sus padres la obligaron a casarse con un hombre cuarenta y cinco años mayor que ella; el primero de sus hijos murió a causa de la epidemia de fiebre amarilla que asoló Buenos Aires en 1869 y el segundo, a pocos días de nacer. Su esposo, don Martín Gregorio de Álzaga -nieto de su casi homónimo Martín de Álzaga, que fuera fusilado en la actual Plaza de Mayo en 1812 bajo el cargo de conspiración- sobrevivió muy poco al segundo hijo, dejándola viuda a los 26 años. Por último, ella fue asesinada a tiros por Enrique Ocampo, un pretendiente desairado que en el mismo acto, y siempre de acuerdo con el dudoso relato oficial de los hechos, se suicidó.

Como es sabido, los eventos referidos han dado origen a algunas leyendas de maldiciones y fantasmas que ya forman parte del folclore de la ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, poco es lo que se ha divulgado acerca de lo que sucedió después de ese luctuoso episodio y de uno de sus protagonistas.

Cristian Demaría era primo de Felicitas y estuvo en la escena de las dos sangrientas muertes. A su presencia en ese lugar no suele otorgársele más importancia que la de haber sido testigo de los hechos e intentado auxiliar a la víctima. Sin embargo, hay indicios de su intervención no fue irrelevante y quizás haya cambiado el rumbo de los acontecimientos.

Si bien es improbable que se lo hubiese confesado, Demaría amaba a su prima, presumiblemente desde la niñez. Este hecho está suficientemente documentado en varias cartas de su puño y letra que primero fueron celosamente guardadas por la familia y sólo dadas a conocer transcurridos algunos años desde su muerte. En ellas Cristian declara su desazón ante un impedimento definitivo que pesaba sobre sus pretensiones: el parentesco relativamente cercano que, paradójicamente, lo alejaba de su amor. Por esa razón se mantuvo siempre cerca de ella, pero sin manifestar sus verdaderos sentimientos que, lo sabía perfectamente, sólo le granjearían un categórico rechazo general.

El camino que siguen los enamorados es muchas veces inexplicable. Cuando fue anunciado el enlace entre la hija de los Guerrero y Álzaga, Demaría quedó al principio sumido en el más profundo desconsuelo, pero pronto imaginó un extraño paliativo: haría un presente de bodas magnífico, inigualable. De esa manera, en su dolorida interpretación, Felicitas jamás se desprendería algo tan valioso y siempre recordaría a su generoso obsequiante.

A pesar de su juventud, Cristian no tenía impedimentos para elegir el regalo que desease. Su familia, sin acercarse a poseer una fortuna como la de Álzaga, gozaba de una posición más que acomodada, lo que le permitió decidirse por un costosísimo espejo fabricado en la cristalería más importante de Praga. Se trataba de una luna (espejo de gran tamaño) de bordes exquisitamente biselados y tallados a mano por artesanos expertos. Pesaba más de cien kilos y su altura superaba holgadamente a la de una persona. Su marco, con el que el plano del espejo formaba una sola pieza, era de cristal dorado delicadamente trabajado, finos hilos de ese material se entrelazaban semejando una bellísima filigrana. Se trataba de una pieza única y como tal fue recibida por los contrayentes.

En la mañana del día del enlace, el espléndido obsequio llegó a la quinta de los Álzaga, provocando la admiración de todos los presentes. Por la noche, durante la recepción que allí se ofrecía, Demaría pudo comprobar que el espejo ya había sido emplazado en la sala de la casa que habitarían los flamantes esposos y tuvo la oportunidad de verse reflejado en esa hermosa luna junto a su secreta amada. Ambos reían, pero el rostro de ella mostraba un sutil dejo de tristeza. Cristian creyó adivinar la causa y decidió que esa imagen, como un retrato de enamorados, perduraría en sus retinas para siempre.

Lo que sucedió años después es incierto -las familias patricias son celosas de su imagen pública y gozan del poder y el dinero suficientes para ocultar sus miserias- pero en todo momento, se tuvo la certeza del valor demostrado por Demaría, quien por esa razón se hizo acreedor de la sincera gratitud de los Guerrero.

Fue entonces que una idea empezó a rondar la cabeza del enamorado: ¿Sería posible quedarse con el espejo que los había visto juntos la noche en que la sintió alejarse para siempre y que constituía el único recuerdo de su amor frustrado?. Sobreponiéndose a los prejuicios de su clase, avergonzado e incómodo, hizo el pedido que fue, naturalmente, satisfecho.

Así, la hermosa luna pasó a ocupar un sitio preferencial en casa de Cristian.

Al poco tiempo, cosas extrañas empezaron a suceder en ese lugar. En algunas espístolas dirigidas a sus amigos íntimos, el joven refiere la visión de extrañas figuras en el espejo y confiesa su temor de estar enloqueciendo. Esos inexplicables fenómenos se repitieron casi todas las noches durante años, hasta que recibió el consejo de deshacerse de la luna maldita que, -recién entonces reparó en ello- fue testigo del asesinato. Es así que hizo gestiones para que el espejo se ubicara en la iglesia recientemente erigida en honor de su prima, en el convencimiento de que, tratándose de un lugar santo, el hechizo quedaría conjurado.

Inicialmente, el párroco se negó ya que es tradición no colocar espejos en presencia de imágenes sagradas y sólo accedió a ubicarlo en una dependencia del templo alejada de la nave principal. A partir de ese momento, el escepticismo con que, salvo Demaría, todos habían considerado el asunto se derrumbó. El sacristán, algunos auxiliares de la iglesia y hasta el mismo sacerdote fueron testigos de extraños sonidos y apariciones que ya ni siquiera esperaban las tinieblas nocturnas para manifestarse. La luna parecía estar poseída por una fuerza siniestra que abría una brecha con el mundo de los muertos aterrorizando a todos. Fue por eso que, como recurso extremo, el cura decidió pedir ayuda a sus superiores y, luego de innumerables estudios teológicos, fue decidido el exorcismo del demoníaco cristal.

La ceremonia se realizó solemnemente de acuerdo al rito arcaico y el resultado fue sorprendente: la luna fue perdiendo poco a poco su capa plateada hasta convertirse en un vidrio tan increíblemente oscuro que parecía absorber toda luz. Cuentan los que tuvieron el coraje de pararse ante él que la visión de ese abismo atezado era sobrecogedora e inexplicablemente se percibía un mundo ominoso del otro lado.

El hechizo no concluyó ahí; si bien un velo maligno impedía toda visión en el espejo, las apariciones se trasladaron a los cristales de las ventanas y puertas cercanas, a las vasijas, lámparas, candelabros o cualquier otro objeto vítreo. Eventualmente, furtivas figuras deambulaban efímeramente por el recinto sin comunicarse jamás con sus aturdidos testigos. Tan grande fue el desconcierto del párroco que finalmente ordenó la destrucción de cristal, trabajo que ejecutaron a mazazos -no sin esfuerzo ya que el material poseía una dureza inusitada- varios herreros de establecimientos cercanos, a los que se les ocultó el verdadero propósito de lo que estaban haciendo para evitar su segura negativa a colaborar. Finalmente, los añicos resultantes fueron rociados con agua bendita y desparramados con rezos por toda la vecindad, en la creencia de que la dispersión debilitaría el encantamiento.

Sin embargo, este procedimiento no parece haber surtido efecto. Desde ese momento y hasta el día de hoy -fines del Siglo XX- son numerosos los testimonios acerca de seres extraños que se muestran y desaparecen súbitamente en calles y casas e imágenes inexplicables y sobrecogedoras en las ventanas y vitrinas de las viviendas de la zona, en los escaparates de los comercios y hasta en las ventanillas de los automóviles que quedan estacionados por las noches en las calles cercanas a la iglesia de Santa Felicitas.

jueves, 9 de abril de 2009

Villa General Belgrano en Córdoba


Villa Gral. Belgrano , extraña mixtura de comechingones y náufragos del Graf Spee







"La identidad es la parte biográfica de un pueblo, la narración interna de su vida; es la versión cálida y palpitante del hombre común, de sus sueños y sus luchas, sus aspiraciones y conquistas.Tiene algo de patrimonio y tradición, brota del más hondo pasado y se proyecta hacia el porvenir. Es como una red que se va tejiendo desde la diversidad para converger en el encuentro, y mientras modela en profundidad el alma de cada uno, cincela el alma de la comunidad."
Villa General Belgrano posee una breve pero significativa historia, en donde conviven armónicamente los elementos que estructuran su identidad y hacen que la Villa sea "algo distinto." El tiempo cronológico que encierran las circunstancias que determinan los procesos de identificación e identidad, puede ser dividido en tres períodos:
Al primer período lo llamaremos de "Gestación de la Cultura Regional".En esta época el pueblo es conocido como Colonia Paraje "El Sauce"Abarca desde sus orígenes hasta mediados del Siglo XVIII, incluye el asentamiento de la cultura aborigen de los Comechingones, el proceso de la conquista, la presencia de los jesuitas, y la formación y desarrollo de Los Reartes.En este período se plasma el perfil del hombre criollo "un hombre silencioso sin resentimientos, alegre sin énfasis, hospitalario sin el cálculo del trueque, naturalmente pródigo, humanamente solidario y con una callada dignidad".
Al segundo período lo llamaremos de "Penetración de la Cultura Inmigratoria".En esta época el pueblo pasa a llamarse "Villa Calamuchita" y presenta dos momentos en los que la presencia del inmigrante responde a diferentes motivaciones de desarraigo.Desde 1890 a 193l en donde el asentamiento de los europeos en la zona es la consecuencia de una política común a todo nuestro país: se busca al extranjero para concretar el modelo agroexportador.Los inmigrantes que llegan en esta época a nuestra zona son españoles, italianos, algún francés y ... también algunos alemanes.Desde 1932 a 1937 observamos que el asentamiento responde a una pronunciada corriente inmigratoria centroeuropea (alemanes, suizos, húngaros, checoslovacos y austríacos), gente de habla alemana que viene huyendo del hambre, de la guerra y de las persecuciones ideológicas. Llegan a nuestro pueblo, en muchos casos, atraídos por el proyecto que lanzan quienes son considerados los fundadores: Paul Friedrich Heintze y Jorge Kappuhn.Ellos visualizan la posibilidad de crear en la zona una colonia agrícolo- ganadera autoabastecida, donde los hombres recurrieran al trueque de lo que produjeran, una colonia que funcionara, quizás, como una cooperativa a la manera germana.Bajo estas circunstancias se inicia el proceso de transculturación, una socialización benevolente del inmigrante que aprendió el idioma y adaptó usos y costumbres criollas y una adaptación paulatina del criollo a las exigencias de la vida ordenada y productiva del extranjero. Como consecuencia de la crisis y fracaso del modelo, las familias que sabían ya del valor de la confraternidad y la solidaridad, que sabían de jornadas de trabajo en común y del tesón, utilizan la creatividad y el ingenio al que suman la honestidad para dar origen a una nueva imagen.
Es a partir de esta situación que ubicamos el tercer período al que llamamos de "Formación de una nueva identidad", momento en el que nace un nuevo perfil: el turístico.
En este período podemos diferenciar tres momentos:
· El primero, desde 1937 a 1946, que se inicia con un pequeño micro-emprendimiento abordado con los humildes recursos personales: el turismo escolar. La presencia de un fiel intérprete del pensamiento y el sentir popular, un líder silencioso con hondo sentido comunitario, inquieto, entusiasta y solidario don Antonio Kufer y la presencia de los marineros del acorazado Graf Spee marcan un hito en el proceso de identidad.Se inicia la etapa de organización y desarrollo económico-productivo y social.En este período el pueblo recepta otra transformación, pasa a llamarse "Villa General Belgrano".
· El segundo, de 1947 a 1960, momento en el que "La Villa" consolida su perfil turístico y adquiere el sentido de pertenencia fruto de la participación comunitaria comprometida.
· El tercero, de 1960 a 1970. Tiene como protagonista al pueblo quien inicia la etapa de irradiación y proyección de su imagen a través de sus "Fiestas".Estas celebraciones que van sumándose, " Fiesta de la Cerveza, Fiesta de la Masa Vienesa, Fiesta del Chocolate Alpino, Feria Navideña y Carnaval Tirolés", llegan a transformarse en una galería viviente alrededor de las cuales y bajo su proyección se construye la vida diaria y la economía del pueblo. Es de advertir cómo los pioneros que forjaron la identidad, que no fue tan lineal ni simple, encontraron los canales que los conducían al logro de su bienestar personal. Al mismo tiempo, aprovechaban el manejo de los espacios públicos donde, se generaban las cosas que hacían al bien común, fortaleciendo en sus luchas diarias los valores del trabajo, la solidaridad, la honestidad, la creatividad, la tolerancia, la tenacidad, los deseos de superación y el respeto mutuo.



Cómo tantos rincones de nuestro país, existe tanta magia y contrastes que no pude abstraerme de su historia tán ecléctica y el paisaje que la hermana sin duda con otras latitudes.



Una vez, una profesora que en cierta forma marcó mi vida como lo hacen los grandes maestros, me dijo: los hombres, en especial los inmigrantes sufren tanto el desarraigo que buscan el paisaje similar al que dejaron , porque el peor castigo para los antiguos era el destierro, peor aún que la muerte física. Lo comprendí al conocer esa Villa en Córdoba que realmente es una pintura de la Germania..........

domingo, 5 de abril de 2009

Las Hilanderas de Aracne........




Hace varios años pude disfrutar de una colección itinerante de Diego Velasquez, entre sus obras estaba "Las Hilanderas de Aracne", seguramente el artista jamás conoció la leyenda guaraní que pude rescatar...........................................


En la espesura de la gran selva guarani, una princesa india alcanzaba la edad de casarse.
Ante la cantidad de pretendientes el Mburuvicha Guasu (Gran Cacique), su padre, dispuso que aquél que quiera por esposa a su hija, debería obsequiar a la princesa algo maravilloso; antes que pasen siete lunas.
La sentencia se pregonó por toda la selva y llegó a las diferentes tribus. A la tercera luna comenzaron a llegar los obsequios exóticos.
Pero... la princesa, ya tenía un enamorado, príncipe también pero de una tribu de escasa riqueza, quien recurrió a su madre en busca de consejos, ésta le dijo: “¿Por qué vienes a mi? Recurre a la Naturaleza”, se internó entonces en lo profundo de la selva.
Entre tanto pasaron cinco lunas, al no recibir respuesta, y en la desesperación, comenzó a correr. Ya cansado, y a causa de la lluvia que caía en ese momento, se refugio en el hueco de un centenario árbol y elevó su plegaria a Tupa.
Cuando levantaba sus ojos al cielo, vio algo bellísimo, resplandeciente y hermoso, que lo convertiría en vencedor. Llevó sus manos para tomarlo, y se deshizo en ellas; encontró otro, lo mismo, y otro y otro, todos se deshacían apenas lo tocaba.
Emocionado regresó en busca de su madre, a preguntarle si ella conocía el secreto de aquello tan hermoso y delicado.
Fueron juntos a la selva a ver el regalo que Tupa y la Naturaleza le dieron, la madre lo observó por un rato y dijo: “Ya estoy vieja, necesito una nuera, necesito nietos, así que copiaré de la naturaleza esto tan bello, y la desposarás“.
La anciana comenzó a sacarse una a una las hebras de plata que cubrían su sien, y con ellas tejió una deslumbrante y fina trama imitando lo que tenía ante sus ojos: la tela que una laboriosa arañita había fabricado en el hueco del tronco.

sábado, 4 de abril de 2009

Las hilanderas y un lago azul...................

Llegué al aeropuerto de Asunción una mañana de Julio y me impregnó inmediatamente un aroma cítrico en el aire, cada ciudad tiene su propio olor que la hace inconfundible.

Fui, como es mi costumbre, a la Dirección de Turismo -nunca viajo en un tour- a buscar algún lugar de alojamiento y una agencia de alquiler de autos. En dos horas tenía un "escarabajo" negro en la puerta de un pequeño departamento sobre la Avenida Pettirossi, cerca del centro .

Comencé entonces a planificar mi recorrido por las tierras guaraníes, mi primer objetivo era por supuesto, llegar a la reserva de los indios Matá (confinados desde hacía unos años a unas pocas hectáreas), pero busqué trazar una ruta de reconocimiento de esas tierras coloradas que me revelaran sitios nuevos y como siempre sorprendentes. Mi primer destino fue encontrar el lago eternamente azul -según dice la canción- de Ypacaraí y por supuesto hasta allí me dirigí con un mapa de ruta y mi intriga como equipaje ...........

Según la leyenda, se formó cuando en 1603 el misionero Luis de Bolaños conjuró las aguas que inundaron el valle del Pirayú. De ahí su nombre que en guaraní significa: 'aguas que dejaron de fluir al ser bendecidas'. En sus orillas se asientan las ciudades turísticas de San Bernardino y Areguá.

El camino es sorprendente, la tierra de un color rojo increíble, la vegetación de verdes casi desafiantes y mórbidos , la compañía invasora de las aves y el aire cítrico que acelera la sensualidad. Sensual, esa es la palabra que me recuerda mis días en el país hermano, esa era la impronta constante que experimentaba. La ruta vá desnudando trás cada curva una imágen cada vez más seductora, altos y bajos viboreantes, flores aterciopeladas e iridiscentes provocativamente colocadas por ese paisaje selvático y los pájaros ..........................................

En el camino me esperaba Itaguá, la tierra del ñandutí, con sus obras de arte y las manos femeninas que lo realizan. Esas manos..............................Con sabiduría y destreza ancestral elaboran los encajes que simulan el tramado de una tela de araña.....................me deslumbraron y pensé : las mismas manos que hacen estos "milagros" de belleza tambien pueden matar, pueden destruír, pero tambien sanan, acarician, consuelan y construyen. No supe con qué quedarme , traje de cada una lo que más me maravilló y conservo hoy esas piezas como parte de un camino que no pienso dejar de recorrer mientras viva, el camino de descubrir con estupor la vida del universo.....................................................

jueves, 2 de abril de 2009

Los hijos de las piedras


Los hijos de las piedras







La naturaleza no sólo dejó huella de sus delirios escultóricos en Talampaya (La Rioja), Ischigualasto (San Juan), Sierra de las Quijadas (San Luis) o el Cañón del Atuel (Mendoza). También la apacible serranía cordobesa atesora escenarios dignos de la fantasía más desbordada. La cartografía los sitúa en un rincón del Valle de Punilla, no lejos de Capilla del Monte. Sin embargo, parecen de otro mundo.La primera extravagancia geológica no se hace desear. Apenas un kilómetro al norte de la localidad serrana, por la ruta nacional 38, surge un enorme pedrón al que las fuerzas erosivas impusieron una apariencia familiar y la gente llamó El Zapato.Bajo su "suela", cuenta la "leyenda", los caciques comechingones se reunían a deliberar cada trece lunas, mientras hechiceros y magos pedían a los dioses que les concedieran la sabiduría necesaria para guiar a los suyos.Más adelante, en Los Mogotes y Los Paredones, el río Dolores discurre entre imponentes crestas de piedra cenicienta, que engalanan líquenes y claveles del aire. Pero hay que abordar el ripio de la ruta provincial 17 -que nace a nueve kilómetros de Capilla del Monte- para degustar los platos fuertes de la comarca.


La paciente labor de los elementos horadó en estas moles una multitud de abrigos. Entre ellos está la célebre Gruta de Ongamira. En 1940, excavando su piso, Aníbal Montes y Alberto Rex González rescataron restos humanos, utensilios y piedras pintadas de sus antiguos moradores. El análisis de estos vestigios -y los aportados una década después por arqueólogos de la Universidad de La Plata- permitió saber que cinco mil años atrás frecuentaban el lugar cazadores de hábitos nómades y cabeza alargada. Luego (hace unos mil años) aparecieron en escena los barbados comechingones y, de su mano, la agricultura, la cerámica y la cría de llamas.


Con ellos se toparon los conquistadores. Resultaron un hueso duro de roer. Los comarcanos, por ejemplo, no se contentaron con forzar más de una retirada. También arrasaron el cercano fuerte de Escobasacat (actual Escoba), que desde el episodio pasó a ser conocido como de la Malaventura. Y no pararon hasta matar en 1574 al capitán Blas de Rosales, compañero de aventuras de Jerónimo Luis de Cabrera -el fundador de Córdoba- y primer encomendero de Ongamira. Así frustraron sus planes de consagrar la zona al cultivo de caña de azúcar y a la extracción de minerales. Según la tradición, los indios se refugiaron en lo alto del cerro Charalqueta, que les servía de oratorio. Desde allí, fuera del alcance de los arcabuces, se divirtieron burlándose del piquete punitivo. Pero los enfurecidos españoles rodearon el peñón y, por el poniente, dieron con la manera de asaltar las alturas a caballo. La cosa acabó en una impiadosa matanza, que apagó para siempre la resistencia nativa. A consecuencia del desastre, los comechingones dejaron de venerar el cerro y lo rebautizaron Colchiqui (por Chiqui, el dios de la fatalidad).Hoy se lo llama Calchaquín, en honor al cacique que encabezó el ataque a Rosales. Sus 1.575 metros -erguidos en majestuosa soledad- regalan una vista formidable del valle. Similar recompensa -aunque menor esfuerzo- espera a quien trepe hasta el mirador de los "terrones de brasa". Es la estación terminal del sendero que visita la Gruta de Ongamira -ahora poblada por una imagen de la Virgen- y otras fantásticas hechuras de la alianza entre y eternidad. No hay mejor atalaya para entender por qué uno de los accesos a Ongamira -el oriental- lleva por nombre Puerta del Cielo.

lunes, 23 de marzo de 2009

Los celos del Lolog


Los celos del Lolog......


Teniendo apenas nueve años pasé dos meses en San Martín de los Andes y conocí el Paraíso sin duda. Corrí por las orillas del Lácar, escapé por la falda del cerro "Las Bandurrias", monté cáscaras de nueces en las aguas de las acequias para que navegaran libres camino abajo, aprendí todos los verdes y los ocres que ningún pintor podrá tener en su paleta jamás, me llené la boca de frutos rojos y miré asombrada las nieves del Tronador.

Estaba con mis padres en la casa de unos amigos que hacía muchos años habían elegido ese rincón del mundo para vivir y que nos brindaron su casa y su afecto. Con ellos , conocí varios chicos del lugar , que para mí eran sumamente extraños (con el tiempo descubrí que la extraña era yo), eran mapuches , de muy pocas palabras y de cabellos muy negros. Me enseñaron quien era Antú , el pehuén, la ruca, los "chatos", el cultrún y que yo era una "huinca". Nos entendíamos con el lenguaje universal de los chicos de cualquier parte "jugando", sin las diferencias que los adultos imprimen a los pueblos. Me enseñaron que otros "huincas" se habían quedado con sus tierras y que lo único importante era la Pacha Mama, con ellos una tarde conocí el lago Lolog y tambien su historia........
Hace muchísimo tiempo, donde hoy se halla el lago Lolog, había un lago pequeño rodeado por menucos y pantanos. Lo llamaban: "Paila-Có" (agua tranquila), por la serenidad que siempre reinaba en él. Cerca vivía una familia
mapuche. Tenían una hermosa hija que acostumbraba peinarse en la orilla del laguito cada día.
Sucedió que una fresca mañana de otoño, escuchó una voz que desde el lago la llamaba. – “Soy joven y estoy solo en mis dominios. Si vienes conmigo serás una reina rica y feliz”. La niña, hechizada, decidió seguir al joven de relucientes vestiduras y voz cautivante, sin escuchar los gritos y ruegos de sus padres que la llamaban para que no los abandonara. Había pasado un año, cuando un día apareció la niña en la ruca de sus queridos padres, ataviada con ricos vestidos y joyas de oro y plata. –“¡No estéis tristes!” les dijo, “yo soy feliz y cada año vendré a verlos, pues lo único que me falta es el cariño de ustedes. Ahora tengo que irme”... El padre, desesperado, agarró fuertemente a su hija para impedir su partida diciéndole: -“¡No te dejaré ir sin nosotros! Eres nuestra hija”... De repente se escuchó un fuerte temblor y un viento huracanado se llevó a la muchacha. Al mismo tiempo la ruca se fue hundiendo en el menuco junto a los angustiados padres, y el lago se fue agrandando hasta llegar a lo que es hoy el lago Lolog. Allí, en el fondo, están hoy viviendo felices con su hija de larga cabellera y el joven rey. Cuentan los pobladores más antiguos, que en algunos días muy calmos se puede observar a través de las profundas aguas transparentes, la vieja ruca y sus felices moradores, y que si alguna vez, añorando su perdida tierra verde, suben a la superficie para recordar, el lago se estremece y se desencadenan tormentas que sacuden las tranquilas aguas del lago y nadie se atreve a acercarse a él, y menos a navegar sus aguas.........


Siempre voy a recordar la tarde que llegamos al Lolog, tenía sus aguas calmas como un espejo y había un sol tibio que atenuaba el fresco de mi cara, al poco rato el cielo se volvió de plomo y el viento insoportable, la tormenta nos empujó al auto y desde allí lo vimos encresparse con furia.

Desde entoncés sé que esos hermanos mapuches saben y comprenden su lugar en el mundo........

domingo, 22 de marzo de 2009

Las Lágrimas de Huacachina


Las lágrimas de Huacachina


Como salida de "Las mil y una noches" es la imágen que se descubre al llegar a Huacachina. A unos pocos kilómetros de la ciudad de Ica, está este oásis llamado "El oásis de las América", arenas blancas y un lago verde esmeralda de notorias aguas "curativas" rodeado de una magnífica y fresca vegetación. Pasé solo un día allí , tiempo suficiente para rescatar alguna leyenda o historia para guardar en mi vitácora de viaje. Se trata de un oasis natural justo en medio de la arena blanca del desierto y con aguas color verde esmeralda, rodeadas de abundante vegetación, como palmeras, eucaliptos y los típicos huarangos. Una laguna que surgió debido al afloramiento de corrientes subterráneas y a cuyas aguas se le atribuye desde 1940 propiedades curativas.Motivo por el cual se construyó aquí uno de los balnearios más importantes y exclusivos del Perú de aquel entonces y se asfaltó también el camino que une la laguna con la ciudad de Ica. Un balneario que todavía a día de hoy, a pesar del paso del tiempo y el abandono de las autoridades, mantiene la prestancia de sus mejores épocas.
No obstante existe una leyenda sobre el origen de este oasis. Una historia de amor que se remonta a tiempos prehispánicos…
Una hermosa doncella, proveniente del cercano pueblo de Tacaraca, llega desconsolada a este lugar, donde sólo había unos cuantos guarangos, a llorar la muerte de su amado, un valiente general incaico, según algunas versiones . Las lágrimas de esta mujer, de ojos verdes y cabello muy negro, fueron formando poco a poco la laguna. Se dice que en las noches de Luna nueva aún se pueden escuchar sus lamentos, los que confunden a los visitantes desprevenidos.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Parasoles de encaje en el cielo de los pájaros pintados...........


Las magníficas rejas de la entrada del Palacio San José ,son apenas la muestra del refinamiento europeo y colonial que se encuentran en su interior y sus jardines.
Don Justo José de Urquiza levantó en medio "de la nada", una residencia,que contaba con todo el confort que se podía tener en cualquier solar acaudalado de la Europa del siglo XIX. Una capilla familiar con mármoles de carrara, vitreaux franceses, imágenes con brocatos y terciopelos, sahumadores de bronce y plata ,y candelabros de cristal, que se lucían en las misas diarias , en las celebraciones litúrgicas, y hasta en las bodas, en la capilla del palacio se podían celebrar sacramentos mayores. Era habitual que se realizaran varios casamientos simultáneos, Don Justo José, una vez al año hacía unir en "sagrado matrimonio" a buena parte de la peonada que vivía "acoyarada y en pecado", finalizada la ceremonia les ofrecía un buen asado y aguardiente abundante en la pulpería que se encuentra a metros del templo.
Los jardines del palacio fueron diseñados por paisajistas franceses, copiando los gustos del viejo mundo, se forestó con más de cien especies exóticas y se recorre por senderos realizados en baldosas italianas. Un lago artificial ,con una embarcación para recorrelo, hacía sin duda las delicias de las niñas porteñas que visitaban a la numerosa familia. San José fue la primera residencia de América del Sur que tuvo sistema de aguas corrientes para abastecer las necesidades de la casa palciega.
El Gral. Urquiza ,famoso por su poder político y económico en su provincia y en el país, no privó a las damas de la época de su famosa virilidad y condiciones donjuanezcas, y en su Salón de los Espejos, dónde se realizaban tertulias y bailes , ha desgranado sus encantos de buen conquistador.
Recorrer San José es entrar sin duda, en la historia de nuestra Patria, todos los personajes políticos y destacados del comienzo de la Organización Nacional estuvieron allí, y eso no es fácil de olvidar. Están aún las voces y cabildeos de buena parte de nuestros próceres, que murmuran (a quien sabe oír), entre las eternamente rosadas paredes de salones y alcobas. Vivos están todavía los pájaros de las araucarias impuestas ahí ,tán lejos de su hábitat natural, permanecen las cortinas y visillos de encajes de Brucelas, las porcelanas de Sevres y Limodge , la mesa de billar traída desde Inglaterra para Don Justo José (la primera de la Argentina), y hasta está la huella de su último álito de vida, su mano ensangrentada apoyada en el marco de la puerta ,luego de ser apuñalado por la traisión de sus guardias.
El Palacio San José era infranqueable, alejado del Río Uruguay "el Río de los pájaros pintados", por tierra se tardaban interminables jornadas de polvo y calor en caminos difíciles para llegar, protegido por guardias incondicionales al General...........Sin embargo un atardecer, tras sobornar a la guardia los asesinos del General cumplieron con su cometido, arrancar la vida de ese Señor Feudal de estas tierras criollas.
En una de las torres de San José, está el reloj que marcaba los tiempos de la vida y ha quedado clavado en la hora de la muerte de su dueño. Don Justo José es aún leyenda y respeto en la vida de los entrerianos, y de alguna forma todo un personaje megalómano para el que visita ese exquisito rincón de nuestra historia.........................................